Aun en el alba aguardas desnuda
para atarme sin una brújula y te vas lejos.
Y tu cuerpo de olor absoluto
supo entregarse al mundo
en las orillas de espuma flotante
de transparencia mutua;
Usurpando el aire con mis dedos,
blasfemando y cegando tu pubis.
De locura llenando mis ojos.
De ilusiones, el infinito a goterones.
Y todo tu perfume corre para alcanzarnos,
para emerger al evento onírico del atardecer,
al frio en el otoño colgado de un destino triste.
A la noche como lanza debilitando mi alma
llenado de nuestros cuerpos el cielo,
atándonos para llenar de humedad mis labios.
Y la extrañeza son los peces volando entre nosotros
como mariposas eclipsando el universo,
pero fugaces en el canto de mis dedos en tu cabello.
Antes que la noche se duela, todo cede
para cortar el olvido, renovar el aire,
consentir tus senos zarpando al borde de mis dedos.
Yo que te ame tanto, debí cortar el olvido
Debiste ir extrañando mi boca, amando tu vida
Y la extrañeza son tus besos adornando castillos en mis ojos,
navegando en una barca estoica, surcada entre saetas.
Y me asombra, ni vos, ni yo, sangra al irte de mis recuerdos.

