viernes, 26 de febrero de 2010

Aroma a vos












Habrá una brisa entre las diáfanas antes de iluminar
mi mirar, antes ha anterior de altozano que viene en
una lágrima mía, suspendida al entorno en un pedazo
de vida con lóbulos a vainilla, tersa tiene aroma a vos.

No es el manglar más crecido que el alma en condena,
ni magnánimo el yermo por eternizarse dudosa, es su
piel azahar que brilla hermosa y profunda, ágil, fiel,
reiterada y divina por encima del cielo y los capullos.

Vociferaré en su estela sahumerio, de lucidez rotunda
e inmóvil de prominencias mágicas; Estera al marchitar
fecunda a la tarde crepuscular, cálida al vendaval en abril.

Más allá del  ímpetu circundante filial de la palabrería,
su boca toca mis dedos humedeciendo el celaje con los
tratados del tiempo que tocan tu voz y se sienten a vos.


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Miguel Hernández:
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es el día.
Ambrosía:... ¿Porque ahora me ves desde otros ojos? 

viernes, 19 de febrero de 2010

Ópalo del silencio














De tres noches fallecieron dos en lo escabroso de
la ciudadela: ópalo del silencio; instalándose dentro
en mi pecho, sigilosa, catártica en contra del viento
a su regreso y dejó su dejo para mirarle de lejos.

En agua diadema esperé en la rúbrica Compostela,
asomé  al pie del océano en una orilla sola; riel de
líneas mal enredaras, porque ávido nombré en vida
que una casta de metáforas se habían suicidado.

Entre sus alas franqueé el estuario derretido con el
reflejo cerúleo que segrega al asaltarme, surcando su
cuerpo de expresión iluminista del alma y en parapente.

También he olvidado dormir toda la noche, tal vez por la
libertad ecuménica del aroma de sus cabellos tibios rozando
mis huellas en el silencio oculto de sus besos y los míos. 

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Charles Baudelaire:
Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: El derecho al desorden y el derecho a marcharse.

lunes, 15 de febrero de 2010

Tropiezo del destino



















El tropiezo del destino acaricia adyacente
e insensato de larga travesía, humedeciendo el
camino del mundo que vuelve nunca más,
rodeando cada lágrima con promesas vendidas.

La ignominia segundera son sus páparos en
converso esotérico; Perpetuos a sus ojos
repentinos, difusos al arrabal, causal del ocaso
en la aurora distante con habitual seducción.

Preconcebida al yermo, su dorso es de tallo
delgado, de exactitud con trazos al collado,
ondulada, oportuna  que cae a sus caderas,
Contigua y centrífuga, emerge de pétalos,
perfumes, y azahar del amanecer nacido.

Una palabra entendida no sabe más que volar
de su silencio al mío y dejarme enternecer
de la ausencia libertaria que aun no alcanza
el cielo, ni el opio de sentirme suyo...















       Alejso Martino “ Es difícil describirte, porque tus párpados me ciegan cuando me cubren de tus ojos…”