Carta XVIII
«caminé sin cubrirme»
De alguna manera, mis intenciones con el tiempo toman el mismo camino. No lo
niego, me llama la atención como cada cosa que realizo, finaliza similar. No
deseo ser extremista ni condicionar el ambiente, pero al recordar algunas de
mis vivencias, reconozco lo que no me lleva a puerto, a buen Norte, a
determinadas decisiones y a tomar vías diferentes cada vez.
Sin ser tan detallado en mis sentimientos. Aquí un ejemplo,
entre líneas, luego una sensación de duda que tuve este mes...: Hace seis meses descubrí "El paseo del Lago", desde entonces,
salgo a correr allá, a veces con mis hnos., a veces solo. Pero ese no es el
punto, el punto es que en un inicio salía a correr por puro gusto, luego por
salud física, después para tener velocidad, tener resistencia y finalmente para tener una mejor marca de tiempo.
Cuando sucede lo anterior, se destruye la magia de hacer las cosas. Al inicio
se disfruta, lo demás cobra otros valores, como la competencia. La cual distorsiona
el significado de hacer las cosas por amor, a hacerlas en nombre del amor. Es
obvio, cuando la emoción mengua, está en apariencia crea necesidades en el
camino, pero quién sabe si útiles.

Paralelo a esos pensamientos 'al azar', todo viene con derrotas,
victorias y con indiferencia, sobre todo. No lo dudo, cada entre línea, —la expuesta en el párrafo anterior— transporta por esa línea delgada de nostalgia. Esa que se
enreda, cuando las palabras están de más y las preguntas se hacen cada vez más
necias, ante una respuesta obvia.
Septiembre se hizo largo e intenso, hasta que el miércoles caminé mucho, como quien busca respuestas,
no de cosas materiales, porque esas sé resolverlas como vayan saliendo. En realidad miraba el horizonte nublado, pero lo más agradable de ese día, fue la llovizna y no corrí,
no me cubrí del agua, al contrario, caminé largo tiempo, hasta llegar a casa, me duché y
dormí, nunca sentí las horas y me gustó.
Este mes llovió y caminé sin cubrirme, no existió necesidad.
Alejso