martes, 3 de diciembre de 2013

Ambrosía, inicio de diciembre de 2013


    Carta XXX
« Es hermoso recordar que algunas etapas de la vida sigan intactas »


Me ausenté cinco meses de estas cartas y extrañaba reunirme en ellas, con cierto orden y coherencia. Esos espacios me han llegado a sorprender, porque sin intención han sido imágenes claras de lo que alguna vez deliberé. Cuando las leo o recuerdo las cartas, regreso al sitio donde me observé rodeado de memorias, positivas y negativas.

Reitero, el tiempo pareció esfumarse estos dos meses, pero conozco esa apariencia disimulada de las horas, los días y los minutos, porque me dejaron múltiples vivencias en lapsus pasivos de mi consciencia. Y conforme indago, concluyo que habrá más y según mi estado de ánimo, querré saber más o tal vez nada.

Últimamente, a propósito de vivencias, he pensado en mi hermana,  porque hace cuatro meses oficializó que se casaba Cuando nos informó, vino a mí, nuestra infancia, por ejemplo, cuando todos se iban de vacaciones en “semana santa” y nos quedábamos solos en casa. Aquello era triste, pero a la vez alegre, porque me he dado cuenta en esos “lapsus pasivos de consciencia” que así formamos la lealtad y aprendimos a  comunicarnos con códigos propios.

Cuando pienso en mi hermana, olvido tantas cosas, como los juegos con los amigos de casas vecinas. O cuando mi papá nos visitaba los fines de semana para llevarnos al cine o algún restaurant y poco recuerdo si mi mamá se quedaba triste o enojada por quedarse sola. Supongo la etapa de la niñez es egoísta sin sentirlo.

Nuestra infancia, como todas, está llena de muchas cosas. Siempre fui unido a mi familia, pero unos cuantos años no lo fui, creo que fue cuando entré a la Universidad. Fueron cinco años, donde no compartí con mi hermana. Ella siempre fue la mejor estudiante, la mejor hija, la única mujer entre tres varones que somos. Ella destacó en todo, fue el ejemplo.

Hace cinco años, creo, entre otras cosas, mi hermana aprendió a conducir auto, nadie pensaba que fuera aprender, pero insistía. Solía irme con ella para acompañarla a su trabajo y luego yo me iba a mi trabajo, aunque me quedará más lejos. Un día, no recuerdo el día exacto, salimos tarde para variar y tuve que dejarla a medio camino e irme, porque estaba sentenciado en el trabajo por llegar tarde reiteradamente. Lo gracioso de esa ocasión, fue que ella se fue en auto y yo en bus y yo quedé preocupado por ella, en lugar de ser al revés. De esa experiencia y de verse sin opción, mi hermana por fin tomó valor al conducir.

Aquí una vivencia con mi hna., hace meses.
Hay tantas vivencias que al menos estas dejo por escrito, solo hay una más. Mi hna., tiene una semana de casada y ayer nadie la esperaba en mi casa y llegó de sorpresa y mi mamá se emocionó tanto, que mi hermana y yo nos vimos y comprendimos, por milésima vez la bondad de mi mamá.

Sé que no regresará el día que mi papá me enseñó a decir gracias, no regresará el día que mi mamá en mi cumpleaños cocinó unos riquísimos ravioles, no regresarán los días cuando mi hermano vivía en la casa, no regresará el día donde mi hermana regresaba cada día a casa y contaba todo lo que le pasaba. No regresaran los días, ni el día en que conocí a Krauske, ni el beso que le robé. No, no regresará ni un día, pero doy todos los días de mi vida,  porque a alguien se le ocurra, cada semana, un pretexto para reunirnos  en un almuerzo familiar.

Me pareció hermoso recordar y saber que a pesar del tiempo y de que ya no compartimos una misma casa, seguimos intactos y unidos.

Atte.

Alejso