Los recuerdos
reúnen a algo o alguien especial
Los últimos días del año me
transforman, es más, convierten a mi memoria más sensible y quizá nostálgica,
porque recuerdo, recuerdo todo con más tacto, con más sutileza. El tiempo no es
un obstáculo, todo sucede, como si hubiera sido ayer o hace un momento.
Por supuesto, el tiempo hasta los
recuerdos malos los vuelve hermosos y
los que dejan sonrisas, nos deja intactos, tanto que esos episodios, sostienen
la vida. Recuerdo el final de cursos del 7mo. año, todos nos despedimos
tristes. Por último, Ávalos, mi amigo y compañero de cursos, corrió a buscarme
y me dijo “gracias por ser mi amigo”. Nunca lo volví a ver, pero así definí el
sentido de la amistad.
Hace 4 días, cuando estaba por regresar
de Xela, mis amigos me decían que esperada un poco más, porque el trabajo podía
aplazarse. Vi sus rostros y al hacerlo, vi sinceridad y amistad. Se los
agradezco tanto. Esas cosas son las que recordaré, las que me mantienen así,
vivo. También me dejaran sonriendo, ya que luego de finalizar el evento
cultural, el cual nos unió en “Las 7
Esquinas”, bailamos salsa, merengue y de todo. Aquello se salió del
formato, jamás nunca lo imaginaron los organizadores. Incluso, danzamos el
zucuzucu, algo así como un Son al revés, sonrío.

A veces, el encuentro de los
recuerdos, reúnen a algo o alguien especial. Sucede de esa manera, porque
siempre hay algo mejor que contar… Como imagen reiterada, internamente regreso
al poema que escribí en la terraza, en el intermedio de la noche de cada mes
que disponíamos para la lectura con mi abuelita. Por cierto, había una gran
luna como hoy y yo era un adolescente de 17 años: ¡Oh Luna! mi vida / mi compañera / mi
musa e incansable amante. / Te calcé mi vida para que la embriagadas y me
señaladas vehemente el ignoto trecho por dónde camina mí Ambrosía… ese enredo,
esa esperanza. Luna, aún la espero.
Reitero,
los recuerdos son nostálgicos, porque dan que pensar, que soñar y casi siempre
nos hacen volar. Por supuesto, aquello que evocamos se altera, se vuelve
desigual, le
colocamos un mejor o peor final y le hacemos un resumen al resumen. Lo que duró
bastante, luego es breve y le damos una
sensación, lo colocamos en un pensamiento y de a poco se esfuma en una noche
que escogemos para olvidar, reír y compartir.
Cuánto recuerdo, cuánto he olvidado en
esta carta. Y eso que aún no describo lo hermoso que es una cena con mis padres
y hermanos o un paseo con Krauske.
Alejso