viernes, 29 de junio de 2012

Ambrosía, mes de junio de 2012


Carta XV «recuerdos y añoranzas de viaje»

Es necesario viajar, mínimo dos kilómetros lejos de casa. Es conveniente espantar los automatismos, sobretodo de la rutina. Uno puede acostumbrarse a lo mismo, cada día; Pero si se logra dejar de lado las responsabilidades, también se aprende mucho. Esto es como las manifestaciones masivas, se dice que de ellas no se aprende, y por el contrario, es donde más se analiza una situación, cualquiera que sea. En la vida misma están las respuestas, por estereotipado que parezca el discurso, solo queda experimentar.

En Junio obvié las formas, también algunos vectores con los cuales me conducía. Decidí —16 años después— ir a Aldea “Feria” del Municipio de “San Rafael Pie de la Cuesta”, del Departamento de San Marcos, a 272 kilómetros de la capital de Guatemala. Fui a la casa de mi abuela Ana y de quien era en vida, mi abuelo Genaro. Por cierto, visité el mausoleo, donde yace su cuerpo inerte,  desde el 23 de febrero de 2011. Estando allí, me enteré de algunos sueños de mi abuelo, entre ellos, que soñaba con árboles de Macademia —da la casualidad, que hay un único árbol de esa especie en aquel lugar donde está enterrado. Lo singular es que él no sabía el destino de su cuerpo—.

Como decía, pretendía alejarme unos días de la rutina y después de tanto tiempo, volví a Aldea “Feria”. Allá nació mi mamá un 20 de octubre, hace 52 años. Entre otras cosas, siempre me ha llamado la atención lo que parece "ocultar" mi mamá, ella es poco expresiva y comunicativa, solo habla lo necesario. Por alguna razón, ella no habla de su niñez, ni de su adolescencia, yo suelo preguntarle en determinado lapsus de tiempo y me esquiva las preguntas. Todo lo contrario es mi papá, él recuerda cada parte de su infancia y es un gran narrador de su historia. Aunque, como él refiere «su vida no fue la más feliz, pero de su niñez valora quien es hoy».

Quizá todo este tiempo he confundido los recuerdos con la añoranza. Mi abuela habla de mi abuelo, como “él”, nunca como Genaro o mi abuelo. Ella se expresa en presente, porque aunque lo añora y vive para sus hijas, nietos (as) y bisnietos (as), a veces silencia y también lo recuerda.  «Siente  —prosiguiendo— que haberse quedado sin mi abuelo, es solo una época» Al parecer, una vez al día, se olvida que está viva. Lo romántico de esto es esperar lo justo, para reunirse con “él” y la comprendo. Lo paradoja de la añoranza es que traiciona la lógica y el sentido de la razón de las cosas. A veces lo creo así. Parece que creo, porque recordar esos lugares donde de alguna manera nací, me justifican.

Las razones que motivaron mi visita a la casa de mis abuelos, fue que estaba al final de los lugares que debía llegar. En primer lugar participar en el 5to. Poetry Slam que organizó la “Casa de la Cultura de los Altos” en Xela, Quezaltenango; Segundo, entregar personalmente el Cuento “Erupciones Mayas” con el cual concursaré en el premio que convoca la "Casa de la Cultura", de Tejutla, Municipio del Departamento de San Marcos. No suelo participar en Concursos y Premios, pero este año decidí concursar en todo lo que sea posible, a sugerencia de mi madre y le tomé la palabra.  

Una hora antes de llegar a mi último destino de viaje, me estaban esperando en Aldea “Feria”, pues mi mamá hacia las llamadas. También me emocionaba llegar, porque allá viví parte de las vacaciones de mi infancia. Los paisajes son hermosos, las veredas, la tierra húmeda, la lluvia que espera a todos los visitantes. Allá es como en el Amazonas, en verano llueve todos los días y en el invierno, llueve todo el día. Por fin, al llegar al kilómetro 272, el chofer del autobús me avisó, porque yo no miraba la carretera, creo que solo miraba él, porque estaba nublado. Quiero decir, la montaña donde nos conducíamos es enorme, antesala del Volcán Tajumulco —el más alto de Centro América—, es como viajar entre las nubes, porque también me dolían los oídos por la altitud «Era igual, cuando desperté en el avión que me llevaba a Lima Perú en el 2009. Tantos recuerdos en ausencia de la añoranza, pienso».

Al entrar en la casa de mi abuelos, nada había cambiado, tan solo hacía falta  —físicamente— mi abuelo Genaro. Pero ahí estaba mi abuela Ana, con su rostro tierno y de felicidad, así me dió la bienvenida. De inmediato, me ofreció “cafeito”, «así le dice cariñosamente al café» yo acepté encantado. Además de hacer buen café, allá se produce —San Marcos es un productor nato de Café, los paisajes son matas de café, hojas de tamal y tomate —. Antes, «Añoro»,  mi abuelo Genaro despulpaba el café que se bebía en casa, ahora se compra a casas vecinas. En la actualidad, después de un año y cuatro meses, la despulpadora de mi abuelo está intacta, nadie la utiliza. Cuando vi esa maquina, la descubrí y hallé un libro de Miguel Angel Asturias, lo había perdido mi prima Dulce. Cuando mi abuelo vino «recuerdo» a mi casa en la capital de Guatemala, me decía que llegara a San Marcos y yo estúpidamente, siempre estaba ocupado.

«Creo». He aprendido a dejar de lado la rutina, nada espera, todo permanece o quizás ahora añoro. Algunos de los sitios más bellos de Aldea Feria son: La cocina en la casa de mis abuelos, la cual compartieron juntos, por mas de 50 años; El terreno llamado “El otro lado” donde mi abuelo cosechaba y sembraba café, cortaba hojas para envolver tamales y/o cortaba árboles para  la chimenea y estufa de su casa; Los matas de Salvia y las Cataratas que mi abuelo miraba desde el terreno “El otro lado”, al cual no iba ultimamente, por el camino escabroso. «Seguro mi abuelo soñaba con Macademias, porque esos árboles se dan, solo al pie de las Cataratas».

En Aldea “Feria”, también visité el “Refugio del Quetzal” —El Quetzal es el ave nacional de Guatemala y el nombre que se le da a la moneda de este país—, es un área de reserva nacional. Uno de los guías, Don Federico de León, al vernos nos preguntó —a mis tías, mis primos y a mi— quiénes éramos y le respondimos, que nuestros abuelos son Genaro Dolores Pérez y Ana López y respondió que eso ya lo sabía, pero él preguntaba quién era yo. Le dije que soy hijo de María del Rosario de Aldea Feria y de Carlos Chacón, de la zona 1 de la Capital de Guatemala; Entonces sonrió y me dijo «bienvenido, a tu familia hace años que nos los miro, pero los recuerdo». Luego tomó mi hombro para decirme que «pregunta por los padres, porque él añora los suyos y de esas vivencias, guarda algunos recuerdos». Creo que lo comprendí, ahora reconozco cada recuerdo y añoranzas propias. También entiendo los silencios de mi mamá y los de mi abuelita Ana.

Consideré justo enterarlos de lo anterior; porque tal vez ahora sé, porque llueve…

Alejso LuisChacón

8 comentarios:

MUCHITA dijo...

Te voy a decir la verdad..
me puse triste con esta historia, mas que tristeza una nostalgia por todo el aire del lugar, por esas historias que vamos dejando atrás que son parte de uno y cuando uno regresa es como refrescar de alguna manera todo lo vivido a través de otros o a través de si mismo.

Hay algo entre esos versos por las cuales me sentí contigo en el camino, como si estuvieramos juntos viendo el paisaje y me enseñaras tantas cosas..tal vez fuiste bien descriptivo en contar lo que pasaba alrededor que uno se siente en el mismo viaje, vaya redundancia pero sentí todo eso, la humedad, el tiempo, el café, las voces, los encuentros, las reflexiones.

Yo cuando era adolescente le pinté un cuadrito del ave Quetzal a mi mamá. Tiene la pintura aun guardada, es feita, jejejeje, pero me hiciste recordar y ahora la voy a buscar para ver que me trae de esas epocas de cuando lo pinté.
A igual que yo con mi nombre MUCHITA, mi mamá tiene su sobrenombre s QUETZALINA. Ella ama los pajaros y ama las historias de centroamerica, asi que me debe haber transmitido esa identidad suya y por eso tal vez te entiendo.

Bueno Alejso, creo que me fui demasiado lejos, a veces hay que estar en Ambrosía para que todo eso duela menos, pero hay que dolerse de vez en cuando porque asi solo nos damos cuenta de que vale la pena estar vivo..

Besos mil.

gralba dijo...

Volver a los lugares donde se vivió la niñez alimenta la añoranza, y a veces nos deja un sabor amargo.Es como abrir la mochila del corazón. Entonces, como dices, puedes comprender muchas realidades que parecían inexplicables. ¡Que tu viaje al pasado haya dejado frutos fragantes de nostalgia bien vivida!

Hattori Hanzo (el sartenista) dijo...

Lindo relato, una buena oportunidad para regresar a la infancia, al lugar donde hay tantos recuerdos. Espero que disfrutara mucho y se trajera em el corazón nuevos recuerdos.

Hattori

Trizbeth dijo...

Vine, leí, miré tu foto, borré...vuelvo de nuevo, me ha encantado todo A, de recuerdos y añoranzas está hecha la vida, tu lo has dicho muy bien!

Abrazossss grandes!

Ambrosía ignota dijo...

Muchita
Gralba
Hattori
Bea Trizbeth

Gracias por comentar, prometo responder y continuar el dialogo el martes, tengo unos inconvenientes, pero resuelvo en nada y vengo a este oasis, jeje

Hasta ahora!!!!!!!
abrazoos°

Ladurie dijo...

Hola Alejso!!
los recuerdos que nutren el alma, la memoria, etc. etc. comúnmente se hallan en los viajes, eso de las alturas es bastante cierto, bajas casi sordo jeje.
A hacer mas momentos para después nutrirnos de ellos.
Saludos sanadores, placentero volver

Trizbeth dijo...

Holaa A! He vuelto con calma a releerte y dejarte mis impresiones ;)

Tu introducción sin igual, experimentar es sin duda la clave, a veces arriesgado pero siempre bien recompensado querido Ale.

Me hizo mucha ilusión leerte y ver tus fotos, porque recordé que recién te empecé a leer me hablaste de tu abuelo Genaro, pues yo había perdido a un ser querido y de que no pudiste estar cuando murió.

Vi a tu abuelita Ana y a ti en ese lindo lugar y me llené de nostalgia de mi niñez y mis abuelos, me vi reflejada en tus vivencias también, aún no sean las mismas, tal vez la esencia de haber estado y ese deseo de conectar con ese ayer tan bonito vivido y que no es posible recuperar, al menos de mi parte, por no encontrarse presentes en vida esos protagonistas ya.

Me ha fascinado tu descripción y diferencia entre recuerdos y añoranzas, yo no hubiera podido describirlo tan bien. Tus cartas son siempre geniales, pero ésta es insuperable, en sentimiento y escritura.

Y justo cuando dices entender los silencios, me hago un nudo y pienso, en tantas veces que no comprendí silencios de los míos por no haber vuelto de visita al pasado y me alegro tu hayas podido hacerlo.

Besos y gracias por compartir tanto, me quede corta ante las emociones aquí descritas A, muacks!

Ambrosía ignota dijo...

Estoy de vuelta y en acción, ahora iré a dormir, en breve contesto coments y mañanita subo un poemaPuntoCom jee.

hasta luegoooooo